Para llevar este enfoque a la práctica, las empresas necesitan apoyarse en herramientas que permitan mejorar tanto el desempeño productivo como el ambiental.
Una de las principales es la producción más limpia, que se enfoca en aplicar medidas preventivas para reducir la generación de residuos y emisiones desde el origen del proceso. En lugar de corregir problemas después, busca evitarlos desde el inicio, lo que reduce riesgos ambientales y mejora la eficiencia operativa (Asian Productivity Organization, 2003).
A esto se suman estrategias como la ecoeficiencia, que promueve la creación de más valor utilizando menos recursos, y el reciclaje y reutilización, que permite reincorporar materiales al ciclo productivo. Estas herramientas no solo disminuyen el impacto ambiental, sino que también generan ahorros significativos para las empresas.
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